8.25.2010

¿QUE SABEMOS DEL FUTURO DE NUESTROS HIJOS?

El año pasado me pidieron en el colegio de mi hija que impartiese la charla de clausura en el acto de graduación del bachillerato. Quise aprovecharlo para darles pautas sobre el futuro que les esperaba y aconsejar a mi hija y sus compañeros de cara a la formación que iniciarían próximamente y que les tendría que servir para construir su futuro y poderse ganar la vida. Cuando me puse a concretar las recomendaciones, enseguida me di cuenta que no debía hacerlo, ¿Qué sabía yo del futuro que les esperaba?, ¿Quien era yo para decirles lo que tenían que hacer esos jóvenes con su futuro?. Lo mas probable es que esos jóvenes, nativos digitales, de apenas dieciocho años en el 2009, vivan más de cien años, y que al menos hasta el 2060 tengan actividad laboral y yo les pretendía decir lo que les esperaba y que deben hacer para poder ser competitivos en los próximos cincuenta años. ¡Que arrogancia!.

Con demasiada frecuencia los padres, profesores y familiares nos ponemos a dar consejos o instrucciones sobre el futuro de los jóvenes con paradigmas e ideas del pasado. Sin tener la más mínima idea, no ya del futuro, sino del propio presente. Tenía que ser prudente con lo que iba a decir pues podría ofender a muchos familiares y profesores y desilusionar a los propios jóvenes, que tantas certezas y seguridades demandan en esas edades. Los estudiantes tenían en ese momento que centrarse en el examen de selectividad y no debería perturbarlos con dudas y preocupaciones. Preferí cambiar el enfoque, y compartir una serie de reflexiones sobre el presente que les permitiese construir su futuro desde su responsabilidad. Pues nadie más que ellos deberían asumir la responsabilidad de su futuro y no dejarse llevar por ideas del pasado que siguen en el presente siendo de general aceptación.

Durante siglos la educación y la formación de las personas estaba basada en adquirir unos conocimientos durante la fase inicial de la vida en centros homologados y por profesores que, supuestamente, tenían el monopolio del conocimiento, formación que después servía para toda la vida laboral. Los mayores enseñaban a los jóvenes, pues la experiencia era un grado y los trienios el progreso profesional. Las profesiones estaban directamente identificadas con unos estudios que se habían diseñado a lo largo de los años y que al adquirir la titulación oficial se podía acceder a los colegios o las categorías profesionales que todos reconocían, tanto social, legal como económicamente, y que con posterioridad, salvo excepciones, nunca más había que volver a validar la capacidad adquirida. También mediante una oposición o tras unos años en una empresa se adquiría un estatus profesional prácticamente inviolable, con el que se podía ejercer la profesión y detentar un puesto de trabajo hasta la jubilación, con plenas garantías económicas y de estatus, sin cambiar de profesión prácticamente en toda la vida.

Esto hoy día, y más en el futuro, ha desaparecido, y seguimos aconsejando y formando a los jóvenes como si nada hubiese pasado. Personas que no entienden lo que esta pasando, y además se resisten a entenderlo, siguen organizando la formación de sus hijos y de sus vecinos con las ideas del pasado. Los conocimientos tienen cada vez una fecha de caducidad mas breve y por ello ya no basta con una formación inicial de la que vivir toda la vida. La generación y adquisición del conocimiento se ha fragmentado y ya nadie tiene el monopolio del talento ni autoridad mas que en pocas disciplinas. Las capacidades de los jóvenes cada vez en menor porcentaje están siendo adquiridas en el colegio y en la familia y se adquieren por vía de internet, tv, youtube, diversas redes sociales, de la academia de la esquina o de la propia experimentación sin leer el manual de instrucciones y posteriormente en las empresas, en encuentros profesionales, de revistas y documentos perecederos y efímeros o de los propios errores cometidos. Los jóvenes nos enseñan a los adultos cada vez en más ocasiones y los mayores tenemos menos habilidades para adaptarnos, entender los cambios y desprendernos del conocimiento y hábitos adquiridos que ya no son válidos. Las oposiciones y los exámenes cada vez garantizan menos la capacidad profesional de las personas, y hoy se valora mucho más las habilidades y las aptitudes que los propios conocimientos. Un titulo universitario ha pasado de ser una acreditación para el trabajo de alta cualificación, a ser una etapa más de la formación, que muchos tienen y por tanto es un genérico, y que poco garantiza un nivel de cualificación y de remuneración. Si es cierto que, todavía, amplias capas sociales consideran la titulación universitaria como el mayor medio de ascenso social, pero desgraciadamente cuando se ha conseguido se comprueban que su gozo en un pozo, excepto para decírselo al vecino y para orgullo o envidia de sus familiares, y por tanto hay que defenderlo a capa y espada.

Antes se estudiaba una carrera, se ejercía una profesión y se trabajaba en una empresa durante toda la vida con un contrato indefinido, todo el mundo sabía a que nos dedicábamos. Hoy se estudian diversas materias y múltiples habilidades por muchas vías y durante toda la vida, se ejercen profesiones difíciles de concretar y muy distintas a la vez, y se puede trabajan en muchas empresas a lo largo de la vida, en varias al mismo tiempo y además no sabemos muy bien quien nos está contratando o si somos realmente autónomos.

Recientemente Google ha publicado el informe “La Década Prodigiosa” en el que analiza las formas de trabajo que habrá en el 2020, cuando empiecen a desarrollarse profesionalmente los que hoy entran en la universidad. En el destaca tres categorías en los que encuadrar los empleos del futuro: el área de creatividad y gestión de ideas, el área de recursos humanos fusionada con tecnologías de la información y el área de información e innovación. No se muy bien como se llamarán estas profesiones, pero muchos que hoy inician estudios de derecho, ingenierías, gestión de empresas, medicina, comunicación audiovisual o química acabarán ocupando estos puestos, para los que nadie les había preparados y en los que tendrán que competir con gente de las mas diversa procedencia y preparación anterior, sin que puedan esgrimir un título que le garantice el acceso y la competencia profesional.

El futuro ya no es lo que era, y no podemos afrontarlo como cuando el futuro era. Los mayores tenemos que ser muy prudente en dar consejos sobre lo que tienen que hacer los jóvenes, pues son ellos los que deben asumir la responsabilidad de su futuro. Tienen derecho a equivocarse y a rectificar y no debemos creer que sabemos más que ellos. Es muy fácil y peligroso para los jóvenes descargarse de responsabilidades y vivir en un permanente infantilismo, del que tanta culpa tenemos los padres, y del que ya hablaremos en otra entrada. Pero parece que la preparación para el futuro está mas relacionada con la capacidad permanente de aprendizaje y adaptación al cambio, aceptación de la complejidad y la incertidumbre, la responsabilidad e iniciativa personal, la capacidad de relacionarse, cooperar y compartir información, la capacidad de comunicarse en distintas lenguas y tener una visión global, etc, habilidades y actitudes que no se adquieren por el simple hecho de estar en un programa escrito. La tarea es compleja, pero con recetas tradicionales poco podemos avanzar y ayudarlos.

Un abrazo y que os cunda.

8.18.2010

MUITO OBRIGADO PORTUGAL

Tras haber realizado una inmersión lingüística en portugués durante una semana en La Parra, en un curso organizado por ITAE, he pasado unos días en Portugal. Tenia ganas de comprobar mis avances en la lengua de Camoes. Poco me han dejado los portugueses practicar con ellos su lengua, con demasiada frecuencia me hablaban en un correcto español y yo seguía intentando comunicarme con ellos en un mal portugués. Una situación un tanto ridícula, pero había que insistir para poder poner a prueba los conocimientos adquiridos.

La inmersión lingüística ha sido la experiencia formativa más intensa y eficaz que he tenido en mi vida. Durante una semana nos encerramos en la Hospedería de La Parra, espacio que durante siglos fue un convento dedicado a la meditación, dieciséis expertos profesores portugueses y veintidós alumnos españoles. Más de cien horas lectivas de gramática, vocabulario, conversación y pronunciación y el resto de intensa convivencia en portugués con compañeros y profesores. De día y de noche, pues se consiguió soñar en portugués. Una especie de “Gran Hermano” que nos ha dejado una profunda huella de amistad a todos los que hemos participado. Probablemente la mejor manera de aprobar estas asignaturas pendientes con las lenguas, que ahora habrá que validar con la práctica, y aprovechar comunicándonos con los más de doscientos millones de lusoparlantes que en el mundo nos esperan.

Pero si importante ha sido el avance en la práctica del idioma, mucho mas importante ha sido el conocimiento y admiración por la cultura y el pueblo portugués, imprescindibles para poderse realmente entender. Esta sensibilidad me ha permitido, como nunca me había ocurrido antes, disfrutar intensamente de Portugal, especialmente de sus ritmos y de su cortesía.

Me había propuesto aprovechar cada momento con serenidad. Mi caminar rápido y ajetreado, con el teléfono en las manos, lo cambié por paseos lentos y sosegados. Disfrutando del paisaje y de la gente, de las puestas de sol y del fado. Con la intención de practicar la lengua entablé conversaciones con personas en la calle que me ha permitido conocer mejor la pesca, la cerámica, la historia, la gastronomía, las preocupaciones y la economía del país. Y también disfrutar sosegadamente de sus buenas comidas y su buen servicio. Y sobre todo convivir con mi familia tranquilamente. He conseguido disfrutar de un ritmo que me es habitualmente ajeno y respetar lo mucho bueno que hay detrás de la cultura portuguesa y de sus gentes.

También hice un esfuerzo especial en usar todos los giros, términos y hábitos de respeto y cortesía que usan los portugueses de forma habitual. Intenté eliminar las formas bruscas y directas tan españolas y ese tono, acento y volumen de voz impositivo que mas parece que estemos dando órdenes o defendiendo posiciones que conversando o intercambiando información. Pude comprobar que con sus formalismos cualquier recelo o posición defensiva desaparecía y se convertía en una actitud colaborativa y de complicidad. Disfruté de la cortesía y buenas maneras portuguesas, y lo que al principio podría parecerme excesivo al final asumí como natural sin ningún esfuerzo.

No basta con saber la lengua o conocer el vocabulario para comprenderse, entenderse y poder avanzar en proyectos conjuntos entre españoles y portugueses. Para conseguir la confianza necesaria y poder cooperar hay que entender y respetar los distintos conceptos de ritmos y tiempos y las formas y maneras de relacionarse. Españoles y portugueses podemos y debemos complementarnos muchísimo, sin renunciar a nuestras características diferenciales, pero tenemos que estar dispuestos a conocernos y respetarnos mas y aceptar que posiblemente nuestra formas de actuar no son las únicas posibles, y en algunos casos no son las recomendables para acercarnos. Hay un dicho que dice que dos no discuten si uno de ellos no quiere y de la misma manera dos pueden llegar a entenderse si uno de ellos se esfuerza lo suficiente. Si nosotros ponemos de nuestra parte todo lo necesario para entendernos, sin esperar que sea el otro el que ceda y se adapte a nosotros, normalmente da resultados inimaginables, y además podemos disfrutar mas de las relaciones.

Muito obrigado y que os cunda.

8.12.2010

VIVIMOS TIEMPOS APASIONANTES

Vivimos unos tiempos apasionantes. Ciertamente son tiempos difíciles, en los que mucha gente lo esta pasando mal, tenemos situaciones dramáticas muy cercanas y todos estamos de una u otra manera afectados por esta realidad. La dificultad de los tiempos tiene que provocar que los cambios necesarios se hagan lo más rápidamente posible, venciendo las muchas resistencias que siempre existen, pues seamos conscientes, o no, el cambio se ha producido ya. Dicen que una situación de crisis es aquella en la que lo antiguo no ha muerto y lo nuevo no ha nacido. Pero en el momento que estamos mucho de lo antiguo empieza a oler y mucha gente esta ya en lo nuevo. Ya decía Maquiavelo en el Siglo XV que “aquellos que promueven el cambio tienen la férrea oposición de los que les va bien y la tibia adhesión de los que pueden esperar un futuro mejor”. La resistencia a los cambios es una constante humana por muy esperanzadores que sean estos.

Decía Leopoldo Abadía, que el no tenía soluciones milagrosas para salir de la crisis, pero que al menos, habría que aplicar tres recetas lógicas: No despistarse poniéndose manos a la obra, ser prudente y ser optimista. Sin una postura activa y optimista difícilmente podremos afrontar el futuro. La situación es una gran oportunidad en la que todo debemos someterlo a revisión y crear las mejores condiciones para afrontar el futuro. Salir de esta época sin aprovechar esta oportunidad sería una irresponsabilidad y, desde luego, poco ilusionante. Hay que desprenderse de mucho lastre.

Desconozco el futuro que nos espera, pero lo que tengo claro es que no me lo quiero perder. Al futuro no le pido seguridad, pero si la confianza en poder vivirlo plenamente. No me importa tanto a donde nos llevará sino el recorrido que habrá que hacer, y los próximos años, con toda seguridad, van a ser movidos. Como dijo Woody Allen “me interesa el futuro pues es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”, y quiero vivirlo como protagonista no como mero observador o sufridor. La mejor manera de no perderse el futuro es no perderse el presente, y hay trabajo por delante para no perderse el presente.

Los cambios que tenemos son muchos, rápidos, inciertos y complejos. Pueden tener su origen en la tecnología, pero los de mayor impacto son los que están relacionados con esta sociedad conectada permanentemente y con redes colaborativas, en la que el tiempo y el espacio han perdido el sentido que siempre tuvieron, así como principios tan aceptados como la propiedad intelectual, la acumulación de títulos y conocimientos o derechos adquiridos para siempre.

Por ello quiero estar presente en la red, compartiendo ideas, descubriendo y anticipándome a los cambios, adaptándome a las nuevas realidades, desprendiéndome de lo que ya no vale, reinventándome y aprovechando las muchas oportunidades que nos depara el futuro. Sin duda una época apasionante y que hay que vivirla con la conciencia de que no es una época de cambio sino un cambio de época como lo fueron el Renacimiento o la Revolución Industrial, pero todo muy rápido.

En este camino apasionante espero que me acompañéis.

Un abrazo y que os cunda el tiempo.

PD: Prometo que las próximas entradas serán más cortas.

8.09.2010

CON PERMISO

Inicio este blog, sin una intención especial, mas allá que compartir ideas, opiniones y conocimientos. Con la convicción de que solo dándole forma y compartiendo las ideas estas pueden perfilase, mejorarse y ponerse en duda o relativizarse. Parto del principio de Gregorio Marañón, que otros pueden tener mas razón que nosotros y hay que dar la oportunidad a poner en duda nuestras ideas, por muy convencido que estemos de ellas, y hoy día, mas que nunca, hay que someter las ideas a revisión.
Estoy seguro que mi punto de vista es parcial, como el de todos, pero solo admitiendo que la realidad es poliédrica y compleja, podemos entenderla mejor y espero que aquí se aporten distintas visiones a mis ideas.
Yo personalmente veo la realidad más desde el punto de vista de la libertad que desde el de la igualdad, priorizo los derechos individuales por delante de los colectivos. Me gusta más que los individuos asuman sus responsabilidades a que se responsabilice el Estado de nuestros actos, protegiéndonos, tutelándonos y diciéndonos continuamente lo que mas nos conviene. Creo que cada persona es un ser irrepetible que hay que dejar que se exprese en su máxima potencialidad, sin que otros limiten su libertad, y en este proceso todos salimos ganando. Creo que vivimos una época de cambios apasionante, que no debemos reprimir y que yo no me la quiero perder.
Con esta perspectiva trataré temas sociales, económicos, de gestión empresarial, tecnológicos y de cambio social. Intentaré que tengan un enfoque global, sin poder evitar el enfoque local. No podré evitar hablar desde Badajoz, Extremadura, esa ciudad media y fronteriza, que puede en los próximos años vivir uno de sus mejores momentos históricos, aprovechando esta época de cambios, y que su posición hispanoportuguesa, debe condicionar su futuro.
Creo que la vida es un continuo y permanente debate y coexistencia entre cooperación y competición. En todos los niveles y ámbitos, tanto sociales, económicos, empresariales, familiares, públicos y privados. Esto que ahora se llama coopetición, y que no es otra cosa que la propia acción humana de un ser social. Juntos podemos hacer mucho más que individualmente siempre que cada individuo tenga todas las oportunidades y posibilidades para crecer tanto como el quiera.
Espero que en este viaje me acompañéis, porque sea de vuestro interés, y que en el contraste de ideas podamos crecer conjuntamente.
Muchas gracias.