9.25.2010

IDEAS VIEJAS Y NUEVOS RETOS

Vivimos un cambio de época. La imprenta y las técnicas de navegación permitieron en el siglo XV la llegada del Renacimiento y el Descubrimiento de América y tres siglos después la máquina de vapor y los conceptos económicos permitieron la revolución industrial y la globalización. Ahora las redes sociales y la conectividad total, estan provocando un nuevo mundo que aun desconocemos hacia donde nos llevará.

Conceptos básicos en los que se han soportado el sistema económico y social de los últimos doscientos años, tras la Revolución Francesa, la Independencia de Estados Unidos y, sobre todo, las ideas capitalistas y de mercado de Adams Smith, tienen que someterse a revisión. Y que conste, que defiendo que estas ideas han permitido el mayor desarrollo de toda la historia para el mayor número posible de personas, jamás imaginado con anterioridad.

La Economía se ha estado basando en el principio de la escasez. Había que decidir el mejor uso alternativo de los bienes escasos para satisfacer necesidades infinitas. El principio de la escasez ha dado paso al de la abundancia. Seguirá existiendo escasez en muchos recursos naturales y energías fósiles, pero el reto está en hacer posible que la energía sea renovable y abundante o casi ilimitada. Si en la actualidad el principal recurso económico es el talento y la creatividad, esta es infinita y su uso la multiplica. El recurso del conocimiento se ha hecho inagotable y no podemos gestionarlo con los criterios de la escasez. El futuro esta por inventar. Y no se puede crear siendo cicatero.

La estrategia del crecimiento ha estado basada en la competencia y la competitividad, esto era lo lógico en una economía de juego de suma cero y de escasez, que lucha por arrebatar al competidor los recursos y mercados limitados. Hoy día la principal herramienta de crecimiento y supervivencia es la colaboración y cooperación. Las empresas e instituciones que tienen capacidad de colaborar jugarán en mejores condiciones. Nos han educado para competir y en las Escuelas de Negocio siguen fomentando la rivalidad competitiva frente a la cooperación. Es hora ya de cambiar. Lo importante para crece no es el apalancamiento financiero, como lo ha sido en los últimos años locos, sino el apalancamiento del conocimiento apoyándonos en empresas e ideas complementarias y competidoras. El concepto clave es coopetición. Esto es válido en multitud de sectores y ámbitos sociales. Incluso en el político en el que ya los ciudadanos no toleran el enfrentamiento sistemático entre partidos o agentes sociales, que deben de cambiar radicalmente. El conflicto sistemático debe dejar paso a la cooperación y colaboración creativa.

También hay que revisar el concepto de propiedad, en el que se ha basado el sistema económico en los últimos siglos decidiendo entre el consumo o la inversión que es tanto como decidir entre el uso y disfrute frente a la acumulación de la propiedad. En la empresa los derechos de propiedad son cada vez más residuales. Solo se pueden ejercer una vez que todos los demás derechos han sido ejercidos, y en muchos casos con grandes costes y responsabilidades. La propiedad intelectual del conocimiento está, con muchos fundamentos, cada vez más puestos en entredicho. Decía Peter Drucker que “Antiguamente el conocimiento era un bien privado unido al verbo saber, hoy es un bien público unido al verbo hacer”. Y esto lo dijo ya hace bastantes años. Ya Quijote dijo “sábete Sancho que un hombre no es más que otro sino hace más que otro”. Lo realmente relevante no va a ser tener conocimiento o información sino tener capacidad de usarla así como lo realmente relevante no va a ser detentar la propiedad sino disfrutarla y usarla. Los bienes tienen, cada vez más, una vida útíl más corta, depreciándose al día siguiente de adquirirse. El mismo efecto que se está produciendo en los automóviles, que ya a muchas personas no les importa no tenerlos en propiedad, pasará pronto con la vivienda. La vivienda sufrirá un proceso de depreciación constante que impedirá ser usado como medio de ahorro, tendrá por ello mayores dificultades para ser financiadas y además supondrá un impedimento a la movilidad y flexibilidad tan necesaria en estos nuevos tiempos. También deja de tener el efecto acumulativo de ahorro para poder dejar a los hijos una herencia que les ayude a afrontar la vida dándole seguridad. El alargamiento de la esperanza de vida hace que los padres fallezcan cuando ya los hijos tienen menos necesidades y los padres preferirán gastar sus recursos en educación como mejor forma de ayudar a sus hijos. La propiedad puede llegar a ser una carga, mas que un activo. En el libro “Padre Rico, Padre Pobre” se hace una nueva redefinición de los activos en esta línea.

Otro principio económico en que se ha fundamentado la teoría económica es en la suposición del modelo de comportamiento humano del “homo oeconómicus” como decisor racional en la toma de decisiones. En los últimos años se ha evidenciado que el hombre es más emocional que racional. O que en todo caso hay un equilibrio entre lo racional y emocional en los criterios de decisión. La gestión del comportamiento humano ha pasado de la economía a la psicología. Y con ello también de la acumulación a la satisfación.

Si la escasez deja paso a la abundancia, si la competencia a la cooperación, la propiedad al uso y disfrute, lo racional a lo emocional, la seguridad a la confianza, el saber al hacer, y tantos otros conceptos básicos estan cambiando ¿Cómo que la educación y formación y las instituciones siguen basandose en los viejos conceptos?. Se dice que una situación de crisis es cuando lo antiguo no ha muerto y lo nuevo no ha nacido. Si lo nuevo ya se ve que esta naciendo, ¿Cómo seguimos insistiendo tanto en lo antiguo, que no deja paso a lo nuevo?.

Seguiremos pensando sobre estos conceptos, pues tendremos que revisas muchas de nuestras más profundas convicciones. Que os cunda.

9.04.2010

¡NECESITAMOS EMPRESARIOS!

El Suplemento de Negocios de El País de la pasada semana, publicaba un articulo que bajo el titulo de “La agonía de la Empresa: El declive de la Empresa Española” informaba que en los tres últimos años han cerrado en España mas de un millón de empresas (sobre 300.000 en 2007 y alrededor de 400.000 en el 2008 y en el 2009). Mucho se ha escrito del drama de los cuatro millones de desempleados, pero poco se habla y se reivindica el drama de los cientos de miles de pequeños empresarios que están en situación dramática, en muchos casos por haber prorrogado la agonía de sus empresas, que han perdido lo que consiguieron durante años, incluidas su casa, y que en los próximos años tendrán que trabajar con la principal motivación de poder pagar sus deudas, salvar o resarcir a sus avalistas y recuperar la confianza y prestigio perdido.

Cada drama personal es único e incomparable para el que lo padece, pero para la economía de un país, y para la solución del problema de millones de desempleados, es prioritario recuperar el tejido empresarial destruido y conseguir un rejuvenecido empresariado que pueda afrontar los nuevos retos. Sin embargo los esfuerzos se han centrado en mantener el empleo y los problemas, a pesar de que a medio o largo plazo pueda tener graves consecuencias.

Las razones de la crisis son múltiples y complejas, en muchos casos muy ajenas a empresas bien gestionadas que también la están padeciendo. Sin embargo, en cada caso de cierre se sigue señalando al empresario y gestores como principales responsables. Siempre el culpable es el empresario y en la televisión el malo de la película.

No se el número de empresarios que han tenido que cerrar, pero basta pasear por las calles para darse cuenta que tras cada cartel de “se alquila o se vende”, hay una familia con grandes problemas. Muchas ilusiones, esfuerzos, años y sacrificios tirados por la borda. Muchas tensiones económicas y emocionales, conflictos personales y familiares, noches sin dormir, y en muchos casos familias y relaciones rotas para siempre. Relaciones y comportamientos personales que nunca se podrían haber imaginado con antelación, cuando todo iba bien. La experiencia vivida llevará a que muchos de estos empresarios nunca lo querrán volver a intentar, otros nunca mas podrán. Muchos otros se propondrán no volver a tener estructura de personal y querran trabajar ellos solos. Aunque también en estas ocasiones extremas se ven situaciones de gran generosidad, altura y verdadera amistad, ¡el ser humano es también inmenso!.

La realidad es la que es; una intensa destrucción de tejido empresarial, una época de grandes cambios y oportunidades, grandes incertidumbres y desconfianza en el futuro, y con ello una gran necesidad de que nuevos empresarios inicien la recuperación y despejen la tormenta. Porque no lo olvidemos, los empleos los crean las empresas y los empleos públicos y el tejido asociativo se aguantan mientras que las empresas lo financien, como estamos viendo en este momento. Los poderes públicos, lo que tienen que hacer es crear las condiciones para que las empresas se desarrollen. En definitiva, nunca como ahora necesitamos mas de los empresarios y que se creen las condiciones para que surjan y se desarrollen.

¿Dónde encontraremos este nuevo tejido empresarial, si muchos de los actuales no querrán volver a serlo mas?

Hay cuatro vías, sobre las que tendremos que trabajar:

1.- Todavía hay un gran tejido que esta vivo, unos más fuertes que otros, pero que hay que consolidad y fortalecer. Hay que hacer todo lo posible para que salga fortalecido de la crisis y que pueda hacer todos los ajustes necesarios para mejorar su competitividad y adaptación a los nuevos tiempos. Hay que apoyar al tejido actual para que crezca, se desarrolle y se enfrente a mercados internacionales. Hay buenos ejemplos en todas partes. Pero este tejido tiene que hacer grandes esfuerzos de renovación. El crecimiento basado en recursos ilimitados ha terminado y hay que apostar por el talento, la innovación y la cooperación. El sistema financiero tiene que apoyarlos, pues sobre ellos hay que volver construir el edificio.

2.- Hay una parte importante de los empresarios que han tenido que cerrar que tenemos que hacer lo posible por recuperarlos. Un país no puede desaprovechar el activo de la experiencia empresarial de cientos de miles de personas. Muchos cerraron por no adaptarse a los cambios, pero muchos fracasos fueron consecuencia del cierre de golpe del grifo financiero o se vieron arrastrado por problemas de otros. Pero sus modelos de negocio y sus capacidades siguen siendo válidos. Probablemente con algunos esfuerzos de innovación y adaptación al nuevo entorno. Normalmente estos empresarios tendrán grandes dificultades de reiniciar la actividad por las consecuencias que han dejado sus cierres. Tenemos que buscar vías para que se reincorporen, y por supuesto recuperar su prestigio y confianza. No estaría de más reconocerle públicamente lo mucho que hicieron mientras mantuvieron su actividad y no solo señalarlo por sus últimos meses. No hay nada más repugnante que hacer leña del árbol caído y ensañarse con las desgracias ajenas. Tenemos que apoyar moralmente a estos empresarios y a sus familias que lo están pasando mal. No hay derecho como los están tratando algunas entidades financieras y algunos colaboradores suyos que durante años se beneficiaron de su actividad.

3.- Habrá mucho trabajadores que tendrán grandes dificultades de encontrar empleo, bien por que se prolongue la crisis o por ser de colectivos de difícil reinserción. Entre este grupo muchos, en situaciones desesperadas, intentarán iniciar una aventura empresarial. Este colectivo debe ser muy consciente de las dificultades de crear una empresa y será un gran peligro que la inicie sin la preparación de gestión y psicológica necesaria. El índice de fracasos es muy alto y si bien en algunos casos se descubren empresarios impensables con anterioridad, la verdad es que es más habitual que a muchos su situación se agrave, perdiendo lo poco que les quedaba. No digo que no haya que intentarlo y apoyarlos, pero hay que intentar minimizar la capacidad de autoengaño que todos tenemos. Para la sociedad es muy bueno que este grupo de emprendedores sea muy amplio, a pesar de los muchos fracasos, pero para los que lo padecen es un drama. Mucho cuidado con lanzar personas al precipicio quienes tienen paracaídas siempre abiertos.

4.- Muchos jóvenes se incorporarán al mercado laboral en estos años. A estos jóvenes se les empieza a denominar la generación perdida, pues corren riego de perder su etapa habitual de incorporación al trabajo. Esta generación de nativos digitales son los que mejor van a estar preparados para afrontar los nuevos retos con los menores riesgos. Será una generación que tenga poco interés, y posibilidades, de trabajar en empleo público, por mucho que le insistan sus padres. En ellos hay que centrar grandes esfuerzos sociales para desarrollar espíritu emprendedor y empresarial (que no es lo mismo). Solo ellos no estarán contaminados de antiguos hábitos y podrán, en mejores condiciones, afrontar un nuevo entorno que todavía es imprevisible y que se esta creando cada día.

Hace dieciséis años en la revista de ITAE titulé un artículo ¡Auxilio necesitamos empresarios!, en esta crisis, mas profunda que aquella, con mas fuerzas hay que gritar por delante de todo: ¡Necesitamos empresarios!

Un abrazo y que os cunda.