5.21.2011

ES LA HORA DE LA SOCIEDAD CIVIL Y DE LAS CIUDADES

Las elecciones municipales y autonómicas deben marcar un nuevo calendario de trabajo y nuevas actitudes para hacer frente a la crisis.

Los partidos políticos harán sus interpretaciones de los resultados, justificarán lo injustificable y volverán a tirar piedras contra el enemigo, pues las campañas hacen mucha sangre. Las elecciones generales están próximas y muchas de las interpretaciones y actuaciones estarán mirando a esa nueva convocatoria, pronto volverán a enredarse en sus problemas. No faltarán motivos para el enfrentamiento, pero no podemos perder más tiempo, ahora toca ponerse de acuerdo y empujar juntos para salir del hoyo. Es necesario desde la sociedad civil provocar un entorno de cooperación en nuestro ámbito más próximo.


Ahora le ha tocado al pueblo decidir quien gobierna en Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y Diputaciones. Hagamos un alto el fuego y aunemos esfuerzos antes de que comiencen nuevas guerras. No podemos desperdiciar oportunidades, recursos ni tiempo.

El ámbito local y autonómico es esencial para encontrar soluciones a la crisis. No se puede obviar la situación macroeconómica ni la del sistema financiero español pero esto afecta a todos y hay, y habrá, empresas y ciudades que saldrán para adelante y otras que se quedarán en el camino. No debemos tampoco obviar que el mundo en su conjunto está en crecimiento. La gestión interna de las empresas, la capacidad de innovación y cooperación y el entorno próximo a las empresas adquieren un protagonismo esencial en estos momentos para afrontar mercados globales.

La competitividad empresarial siempre ha estado muy concentrada espacialmente por sectores. Muchas veces en barrios o en polígonos concretos de ciudades. La industria cinematográfica de EEUU ha estado concentrada en un barrio de Los Ángeles, la industria TIC en un valle de California, o la del automóvil en una ciudad de Míchigan, y lo mismo podríamos decir de la concentración del sector financiero en muy pocos barrios del mundo. En España son muchas las ciudades reconocidas por su industria especializada como la ciudad del juguete en Ibi, del mueble como Yecla, el turrón y el helado como Jijona, la cerámica como Talavera de la Reina, La Bisbal, Castellón, Villarreal, Manises o Salvatierra de los Barros, ciudades del vino en todas las zonas vinícolas y otras especializadas en muchas otras variedades agroalimentarias, ciudades o barrios turísticos en sus mas diversas manifestaciones y tipos de turismo, ciudades universitarias o educativas, ciudades, barrios o calles comerciales y un larguísimo glosario de ejemplos de actividades económicas muy unidas a espacios muy concretos con capacidad de actuación y de dar respuestas a problemas concretos.

Muchas ciudades o zonas han estado centradas en una especialización otras han diversificado, unas con sectores emergentes y otras con sectores maduros o en decadencia. Pero al final las crisis y las euforias económicas tienen un componente local esencial. Cada ciudad debe encontrar su razón de ser y enfocar todos sus esfuerzos y recursos para generar riqueza, puestos de trabajo y bienestar para la población adaptándose a las nuevas necesidades.

De cómo se gestionen y enfoquen los recursos locales, públicos y privados, dependerá el futuro del municipio y de su gente, y ahora más que nunca el futuro hay que ganárselo. La clave está en como se relacionan todos los agentes sociales y económicos del municipio. Si sus relaciones suman y se multiplican mediante sinergias productivas o bien se contrarrestan y agotan en relaciones corrosivas improductivas y decadentes, en la que solo caben costosísimas salidas individuales. Las partículas de carbono dependiendo de cómo se relacionen y construyan sus estructuras se pueden convertir en diamantes o en grafito, y esto le pasa a cualquier municipio. No hay que buscar culpables y soluciones fuera, sino que las soluciones están muy cercas, en como y con quien nos relacionamos.

Nunca el mundo ha sido mas abierto y global, y por tanto con recursos mas ilimitados. Los limitamos nosotros con nuestras actitudes, relaciones, desconfianzas y recelos y con visiones hacia el pasado. Cada municipio puede tener una razón de ser en un mundo global pero a lo mejor ya no lo tiene en su comarca, donde el mercado o los recursos son limitados, y por tanto solo queda competir amargamente entre los agentes locales por esos recursos y clientes escasos, y provocar que dure la agonía, pidiendo ayudas.

Las ciudades tienen que reinventarse, buscar su razón de ser en un nuevo mundo, y actuar enfocadas y con voluntad para conseguir nuevos resultados. Esto requiere una sociedad civil y poderes públicos cohesionados, cooperativos y abiertos, con fuertes relaciones colaborativas y con un entorno de competitividad dinámico y relacionado. Unas ciudades se pondrán manos a la obra rápido y lo conseguirán otras entrarán, de nuevo, en "guerras de pueblos" atrincherandose en su pasado y se eternizarán en la supervivencia y en el declive. Depende de todos, pero sobre todo, de la sociedad civil. Es la hora de la sociedad civil y de las ciudades.